Trump y el destino americano

 

el siguiente artículo que escribí a comienzos del 2017 sobre el surgimiento del presidente Trump puede servir para interpretar los resultados electorales del Brasil

 

UNA NUEVA REVOLUCIÓN CONSERVADORA?

 

A pesar del periodismo que en su mayoría le es antipático, Trump no es un fenómeno tan excéntrico, algo inusual que aparece de golpe en el escenario político norteamericano. Un político que no es político, sino un empresario millonario, acostumbrado al show business, conoce bastante bien qué acordes hay que interpretar para llegar a dónde quiere. No significa que no sea sincero en sus consignas, ni que ellas desvíen demasiado del rumbo que una mayoría del electorado considera correcto en la coyuntura actual de EE.UU.

 

Tampoco es extraordinaria la coincidencia de que el fenómenos Trump se dé en consonancia con otro no menor: la inminente salida de Gran Bretaña de la Unión Europea – Brexit-. A principios de los ’80, Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald  Reagan en USA llevaron adelante la – un poco pomposamente – llamada “ Revolución Conservadora”; ésta actual, llevada adelante por Trump y Theresa May sería la segunda – y quizás  se sumen Marine Le Pen con su Frente Nacional en Francia , y hay que considerar también el ascenso  de la derecha conservadora en Holanda, Alemania, Italia, Austria….un fenómeno sin precedentes en los últimos 50 años…

 

En este contexto, Trump es sólo el elemento más importante de un desplazamiento general de la opinión pública.  El mundo abandona el globalismo transnacional, y se refugia nuevamente en el Estado-Nación y en los valores tradicionales: familia, religión, seguridad económica: Occidente vuelve a los valores de la clase media y de los mayores, dejando atrás, por ahora, las veleidades revolucionarias del ’68 y de la Nueva Izquierda de los setenta y ochentas.

 

Las causas son más o menos transparentes y muy precisas: crisis económica irresuelta,   después del impresionante Crack financiero del 2008 ; un crecimiento económico post-crisis bastante tibio en EE.UU.  En Europa se suma un sentimiento muy negativo frente a la inmigración y a la creciente violencia del fundamentalismo islámico.

 

A nivel de las relaciones internacionales de poder  y de las  amenazas  externas, se fueron dando en los últimos  ocho años de la administración Obama los siguientes hechos, muy importantes:  Irán, fortaleciéndose para ser una factor dominante en Medio Oriente, y encaminándose irreversiblemente a potencia nuclear, y China, que enfrenta un proceso de reacomodamiento económico  que puede ser muy drástico y generar repercusiones negativas en el mundo.

 

A todo esto responden los EE.UU. con un movimiento de repliegue hacia los valores e instituciones que la convirtieron en una excepcionalidad en el siglo XIX y XX.

No  otra cosa es la consigna “ Make America Great Again”

 

Qué efectos tendrá sobre el resto del mundo este giro proteccionista de la mayor potencia económica, dependerá de las respuestas y acomodamientos que se vayan dando a medida que progresen los acontecimientos: de seguro, muchos países se verán afectados con una posible depresión de sus respectivas  economías,  que deberá encontrar respuesta en un acomodamiento simétrico al de los EE.UU. — mayor autarquía del aparato económico y un vuelco hacia el mercado interno – o bien integrarse a los restantes circuitos globales que persistan.

 

Nadie, en estos momentos, puede aventurar un curso seguro de los acontecimientos, más aún teniendo en cuenta que el giro de Trump hacia el proteccionismo está en sus comienzos y aún no sabemos su magnitud y alcance

 

Debe quedar algo claro, no demasiado remarcado por los medios que fueron cubriendo los hechos hasta hoy: los cambios de rumbo propuestos por  Trump se darán principalmente en la esfera de los valores y de lo simbólico, mucho más que en lo económico. Parece impensable que el circuito global de intercambio de bienes – Globalización – pueda sufrir la misma reversión que aconteció en la crisis de los años treinta del siglo XX,  considerando el inmenso peso político y económico que las empresas transnacionalizadas poseen hoy.

 

El nuevo presidente es la resultante de una larga “Guerra Cultural” entre las fuerzas conservadoras y progresistas dentro de ese país, que dura desde hace ya varias décadas, y su elección es meramente una batalla más,  que puede ser  decisiva en caso de que el Partido Demócrata en EE.UU.  persiste en su deriva hacia la izquierda.

 

 

 

 

 

Nadie puede acreditar con exactitud la magnitud del deterioro del tejido social y económico de los EE.UU., pero los indicadores de opinión  son contundentes al marcar un espíritu de agotamiento de la paciencia del pueblo frente a todos los “establishments”

 

CAPITALISMO NACIONAL Y POPULAR?

 

 

Hasta hace poco, era común pensar que la globalización y la sociedad económica a la que ella daba lugar constituían procesos irreversibles e indiscutibles. “El rumbo de la historia”, como gustan decir los aficionados a la filosofía.

Es verdad que después de la caída del comunismo el proceso de internacionalización vivió una gran aceleración, y que la globalización de la economía capitalista no es un fenómeno exclusivo del siglo XX y XXI, pero la propaganda y los grandes entusiastas del fenómeno global pasaron por alto que las políticas internas de los países comprometidos en la globalización de sus economías deben adecuarse a las demandas de sus votantes.

Si la opinión pública norteamericana se convence de que los problemas internos de su país son debidos a un intercambio poco justo, en este caso con China – que se lleva los mejores puestos de trabajo industrial – o con México, en el caso de los automotores,  entonces los políticos actuarán en consecuencia: y es esto exactamente lo que está haciendo Trump.  Los economistas nos dicen que las cosas no son tan así, que el proceso globalizante es complejo….. “y que todos salen ganando”  . Esto puede ser verdad en el largo plazo, pero es indudable  que si  las fábricas se cierran y  los trabajadores pasan a depender del seguro social o a trabajar en un Burger King, esto puede resultar intolerable y constituir un perjuicio grande para los que sufren ese destino – independientemente  de si la economía en general sale ganando –

 

Hoy por hoy se sabe con bastante certeza lo que constituye una economía que funcione con justicia social; cada país, de acuerdo a su tradición, lo conoce por su propia experiencia. Lo que pasó en los últimos años en EE.UU. fue que la opinión pública pasó a considerar  que la economía había dejado de funcionar de una manera justa,  resultando en una desigualdad creciente y una falta cada vez mayor de empleos de buena calidad. Hay que decirlo con claridad: la culpa no es sólo de China, México y la Globalización, pero el conjunto contribuyó a que las cosas económicas se fueran yendo a pique y en la resultante ascensión de Trump.

 

Las soluciones que propone Trump asustan a muchos, pero no son descabelladas ni irracionales: por de pronto, propone bajar impuestos y regulaciones para que los empresarios tengan menos dificultades en crear puestos de trabajo; “barajar y dar de nuevo” en todo lo relativo al comercio internacional: relaciones con China, los acuerdos del NAFTA, abandono del TPP y del Acuerdo Transatlántico de Inversiones con la Unión Europea, y otras medidas menores de la misma índole.

 

 

El proceso de globalización sirvió en los últimos 30 años como oportunidad para que centenares de millones de personas de los países pobres salieran de un estado paupérrimo, y como punto de partida para una economía más productiva; sin embargo, los países ricos de Europa, y fundamentalmente los EE.UU., sufrieron un estancamiento en el nivel de vida de las clases medias – en diferente medida y de acuerdo a las circunstancias –

 

Se puede poner como ejemplo a la Argentina: país de ingresos medios a comienzos de los años ochenta del siglo XX, las malas políticas y una globalización muy mal encarada, nos llevaron del puesto 30 al puesto 47 en la escala de bienestar humano publicada por la Fundación Legatum.  No fue la globalización la culpable exclusiva del retroceso, pero sirva nuestro país de ejemplo a considerar cuando se evalúan los resultados de las aperturas de la economía y las desregulaciones

 

QUE SE VAYAN TODOS!

 

 

El péndulo de la política no se mueve con  ritmo regular. En el 2009, después de la asunción del presidente Obama,  se pensaba que por muchos años el monopolio del poder quedaría en manos del Partido Demócrata. Tan grande había sido la decepción del gobierno Bush e inmenso era el entusiasmo por el nuevo presidente.

Hoy, el Parlamento norteamericano tiene ambas cámaras con mayoría republicana; 33 de las 50 gobernaciones son republicanas, y 32 legislaturas estatales están dominadas por el mismo partido. Nada así se había visto desde los tiempos de la posguerra civil.

 

El repudio a las políticas de Obama comenzó casi inmediatamente de que asumiera la presidencia, y los demócratas perdieron todas las elecciones desde entonces.

Sin entrar en demasiados detalles, puede resumirse en esto: el gran entusiasmo que había generado un hombre que venía a reformular la política se fue apagando cuando la opinión pública se dio cuenta  de que no se trataba de alguien que pudiese enfrentar realmente al  establishment corrupto de Washington; más aun, parecía que Obama se sentía muy cómodo con ellos, y que sus iniciativas de legislación iban a provocar serios perjuicios a la clase media:

  1. a) La Ley de Salud – Obamacare –
  2. b) El intento de pasar una legislación que castigaría a los combustibles fósiles y que llevaría los precios de la energía por las nubes – ni siquiera los propios demócratas la aprobaron –
  3. c) Gobernar con decretos de necesidad y urgencia – cuando perdió las mayorías en el congreso-
  4. d) Denigrar a la policía y a las fuerzas armadas
  5. e) Una política exterior que puso al mundo al borde de un caos pocas veces visto…..

 

esta enumeración presenta algunos de los hechos que explican el  por qué de  la reversión drástica del electorado americano.

Seguramente lo mismo sucederá si Trump resulta un fiasco o no cumple con las promesas que hizo.

 

Pero todo venía de antes; los 8 años de Bush, la Guerra de Irak, la debacle financiera, todo parecía apuntar a una élite política y a una burocracia estatal que había perdido definitivamente el contacto con la parte esencial del pueblo norteamericano.

Por eso Trump – un outsider de la política – primero tuvo que enfrentar y deshacerse de los republicanos para recién después, apuntar contra el establishment general de los Demócratas y de la burocracia de Washington. Una apuesta fuerte que deberá cubrir con hechos concretos para no causar una decepción mayor aún que la ya pasada.

 

“HACER UNA NORTEAMÉRICA GRANDE DE NUEVO”

 

Es común que los países que se enfrentan a una crisis política surgida de un sentimiento generalizado de su población respecto a la declinación general de los valores, asuman la decisión de retornar a los orígenes. La historia política  nos muestra que estos “retornos”, muchas veces violentos, son tan frecuentes como las revoluciones; incluso algunos aventuran que toda revolución no es otra cosa que una restauración.

 

Por eso el “volantazo” que está efectuando Trump hacia la derecha del péndulo político-moral, debería interpretarse como una vuelta a la normalidad, un intento de retomar el “ centro vital” que marcó a la política norteamericana durante la mayor parte del siglo XX.

 

Como todas las demás naciones, EE.UU. sufrió en estos últimos 40 años cambios drásticos que la alejaron de esa sociedad de clase media más o menos homogénea que había sido durante las décadas anteriores; las transformaciones culturales que a ritmo acelerado vinieron a configurar la llamada “ post-modernidad”, o la sociedad post-industrial, donde la economía de los servicios pasó a ser la principal proveedora de trabajo, produjeron una realidad a veces muy difícil de asimilar para los que se ven marginados de las supuestas bondades de la globalización. Sea como fuere, la realidad de los números es categórica: la clase media se estancó y la distancia entre la élite que supo aprovechar los cambios de la nueva economía tecno-globalizada y los demás sectores se amplió: pero lo peor para la conciencia general de la clase media fue el surgimiento de una élite adinerada, que habita generalmente las urbes –  New York , Los Ángeles y San Francisco – que controla la academia, la industria del entretenimiento y los medios masivos de comunicación y que, a diferencia de los anteriores grupos de poder, desprecia la tradición cultural norteamericana, cuya base es el hombre común. Estos grupos que se identifican con el partido Demócrata, la globalización, las fronteras abiertas y la idea de un mundo de “Economía Sustentable y Verde”, son “el enemigo” en la guerra cultural que la derecha conservadora lleva adelante.

 

Dos grupos del partido republicano, de considerable influencia ,el “ Tea Party” y “los conservadores evangélicos”, marcaron los lineamientos de la oposición al gobierno de Obama ; durante la interna republicana estos sectores habían sido duramente críticos con la candidatura Trump, pero ahora le dan una aprobación generalizada, a pesar de que el presidente se ha mostrado a la izquierda de ambos en muchos temas relacionados con la economía y la sociedad: cobertura universal de salud, aborto y derechos de los gays y lesbianas, por ejemplo.

De algún modo, Trump intuye que la sociedad norteamericana no puede retroceder en cuestiones de “derechos de las minorías”, pero que tiene un margen amplísimo para actuar en la imposición de la Constitución – Ley y Orden – aspecto muy descuidado no sólo por Obama sino por su antecesor Bush, y fundamentalmente en el reordenamiento de la maraña de legislación y regulaciones que traban el despegue de la economía – incluido una revisión profunda de los acuerdos de Comercio Internacional que rigen los actuales intercambios.

 

 

 

 

                                                                 

Política y filosofía del movimiento de opinión “ Calentamiento Global y Cambio Climático”  

 

PARTE I

 

 

SCHÜLER:

Doch ein Begriff muß bei dem Worte sein.

MEPHISTOPHELES:

Schon gut! Nur muß man sich nicht allzu ängstlich quälen

Denn eben wo Begriffe fehlen,

Da stellt ein Wort zur rechten Zeit sich ein.

Mit Worten läßt sich trefflich streiten,

Mit Worten ein System bereiten,

An Worte läßt sich trefflich glauben,

Von einem Wort läßt sich kein Jota rauben.

J.W. Goethe

 

Estudiante:

        Pero un concepto tiene que haber en la palabra.

Mefistófeles:

  ¡ De acuerdo! Pero no hay que atormentarse 

                             Mucho y tener miedo

                            Pues precisamente donde los conceptos faltan

                              Surge una palabra en el momento justo

                             Con palabras se puede discutir de maravillas

                              Un sistema puede crearse con palabras

                             En palabras se puede tener fe perfectamente

                              Y ni una jota puede quitársela a la palabra

 

El entrecomillado del título viene motivado por el carácter político y militante de este importante movimiento de opinión.  En política- como en la religión y en el arte -las palabras tienen una importancia crucial.

 

Tradicionalmente en política, los movimientos de opinión surgen cuando una parte de la población ve un problema y quiere darle solución; y esto es válido tanto a nivel de Nación y en el desarrollo histórico  de los partidos políticos, como en el más acotado nivel de las municipalidades y ciudades que se enfrentan a problemas puntuales.

 

Con la creciente importancia de los medios masivos, con su penetración en casi todos los ámbitos de la sociedad, los movimientos de opinión pueden muy bien surgir de arriba hacia abajo; basta una propaganda bien llevada  para convertir una insignificancia o pseudoproblema en tapa cotidiana de los medios informativos. Y todo esto se explica casi siempre porque detrás de esta construcción propagandística hay intereses políticos o económicos o ambos .

 

Con el “calentamiento global y cambio climático” – vamos a indicarlo desde ahora por sus iniciales CGCC – ha sucedido esto. Hay que remarcar, sin embargo, que la inquietud por los problemas del medio ambiente  ya había calado hondo en las sociedades avanzadas  en los años sesenta, y que el deterioro del medio ambiente fue siempre un problema real y serio. Por eso que cada vez que se habla del CGCC se dirige la atención hacia problemas concretos que supuestamente serían causados o agravados por el CGCC.

 

En los años setenta del siglo XX comenzaron a tomar impulso creciente algunos motivos-fuerza  que siempre están presentes en una sociedad. Con el auge del bienestar económico  en EE.UU y en  Europa, la gente comenzó a mirar con más atención el medio ambiente que la rodeaba, comprobando los graves efectos deletéreos de la contaminación, la deforestación, el aglomeramiento ciudadano, la miseria del Tercer Mundo y todo aquello que aún no había llegado a la altura del bienestar material ya adquirido.

 

La gran crisis del petróleo acarreada por la caída de la convertibilidad oro-dólar en 1971, y luego la guerra del Yom Kipur en octubre de 1973, que acarreó el embargo petrolero de los países árabes a Occidente y la formación de la OPEC, provocó una gran incertidumbre sobre el futuro en EE.UU. y Europa. Parecía que el modelo de desarrollo llevado adelante hasta esos momentos no era viable en un futuro.

Así tomaron fuerza las ideas surgidas unos años antes en el ámbito del Club de Roma y presentadas con bombos y platillos en la conferencia sobre medio ambiente de las Naciones Unidas en Estocolmo en 1972: control de la población y crecimiento eonómico cero. Implícito en esto estaba lógicamente una nueva modalidad de control sobre los recursos del Tercer Mundo.

Se abandonaba así la política del Progreso para los países pobres – Alianza para el Progreso – , que a partir de ese momento tendrían que buscar una nueva modalidad de desarrollo, por supuesto apadrinados por los Think Tanks de EE.UU. y Europa, que exigían control sobre las modalidades futuras del crecimiento económico.

 

La Guerra Fría también podía ser tomada como excusa; ¿O acaso el programa soviético de desarrollo material a toda costa, con la inhumanidad que significaba para las libertades individuales y la destrucción concomitante del medio ambiente no eran suficientemente reales como para requerir una reacción aquí y ahora.?

 

Todo esto, por supuesto, en la teoría y en las mentes agitadas de los burócratas y planificadores en los centros de poder mundial que diseñaban el futuro de la humanidad como después la generación siguiente diseñaría videojuegos. Pero sucedió  la pavorosa revolución técnico-científica que a partir de ahora permitiría la mejora de los niveles de vida de cientos de millones de personas en los lugares más pobres del planeta.

 

El mundo de escasez extrema se convirtió de golpe en un mundo de posibilidades de mejoras materiales y políticas, pero la respuesta de algunos intelectuales del primer mundo fue muy negativa porque estos desarrollos desafiaban sus previsiones de que sólo una economía socialista podía lograr sacar a los hombres de la miseria.

 

Cayó el Muro y entró China en escena, lo que provocó una creciente  demanda de todos los recursos naturales y a la vez inundó el mercado de trabajo mundial con una oferta de mano de obra equivalente al total de la ya existente en USA y Europa; las viejas preocupaciones y miedos sobre la hegemonía reaparecieron, y entonces fue el momento de desempolvar, de rescatar de las bibliotecas, las viejas historias y teorías  del fin del mundo.

 

De esta tormenta de miedo,  pasiones e intereses encontrados  que se abatió sobre New York, Washington, Londres, París, Berlín  y demás centros del  mundo desarrollado surgirá este raro artificio del intelecto humano llamado Calentamiento Global y Cambio Climático.

 

 

Política y filosofía del movimiento de opinión “ Calentamiento Global y Cambio Climático”

 

Parte II

 

                    In old days men had the rack.  Now they have the  press. 

                (en los viejos tiempos existía la Tortura, ahora tenemos la Prensa)                                                                                                                                                 

Oscar Wilde

 

No es fácil dar una idea consistente de un movimiento intelectual que se despliega a lo largo de casi 60 años sin caer en la trampa de presentarlo como si fuese premeditado.

 

Podemos señalar tres fuerzas que contribuyeron – y aún lo hacen – a la enorme difusión del movimiento conservacionista o ambientalista, cuya potencia parece hoy día que se ha transvasado en su totalidad al movimiento del Calentamiento Global y Cambio Climático.

 

La primera es sin duda el hecho que el auge económico de la segunda mitad del siglo XX provocó una cantidad impresionante de daño a la naturaleza y malestar creciente en la población.

 

La segunda es que el bienestar económico de los países centrales dio origen a una gran población universitaria, la mayoría de la cual se dedicó a las humanidades o fue muy influenciada por las corrientes de ideas de esas facultades.

 

La tercera es la revolución tecnológica de las comunicaciones que hace posible tener el mundo entero online durante las 24 horas del día.

 

Esta nueva corriente de opinión que venimos estudiando bien podría ser considerada, como en los manuales de filosofía, una nueva Weltanschauung o concepción del mundo, donde lo que se impone  en la conciencia de la gente es la importancia del Planeta Tierra como un todo. La Encíclica de Francisco, Laudato Sí, es meridianamente explícita, se trata de “Nuestra Casa Común”.

 

Una nueva concepción del mundo nunca es absolutamente nueva, sino que se nutre de muchas tendencias latentes presentes en la sociedad desde  mucho tiempo antes. En el caso que estudiamos aquí, se trata del rechazo del “consumismo” y del materialismo que todo lo invade; del descontento con las políticas, los políticos y en general con  todo el sistema social tal como se presenta cotidianamente; para los jóvenes, lo que está presente y es importante, es la sempiterna rebelión, el rechazo del mundo representado por los padres.

 

Algo que ha hecho de esta nueva concepción del mundo algo tan particularmente hostil hacia la sociedad científico-tecnológica es que las facultades de humanidades de Occidente se han visto desproporcionadamente influidas por las filosofías irracionalistas provenientes de Alemania; Heidegger se ha hecho popular vía Sartre, Foucault, Derrida, Deleuze, Guatari y demás filósofos post-modernos y post-estructuralistas. Si sumamos a esto que la Escuela de Frankfurt, representada por Adorno, Horkheimer y Marcuse también es muy hostil a la ciencia y a la técnica del mundo capitalista, el panorama no puede ser distinto del actual en lo relativo a cómo las juventudes de Occidente interpretan el desarrollo del sistema social capitalista.

 

Podría pensarse que el desenlace intelectual del presente no podría haber sido otro, puesto que él se encuentra tan mal balanceado en relación al verdadero sentido del impulso científico-tecnológico, cuyo carácter es considerado casi maligno por las nuevas generaciones.

 

La disonancia comenzó con los estudiantes que egresaron de las aulas universitarias en los años ochenta;  los formadores de la opinión pública, periodistas y  maestros, hicieron de correa de transmisión de este sentimiento negativo a toda la sociedad en general. Así se fue difundiendo este sentimiento negativo contra la actual sociedad y surgió la idea de una nueva utopía para superarla.

 

 

 

 

 

 

Andanzas del presidente Trump

              

                        

                              Acuerdos de Paris y Cambio Climático

 

                      

                     

                

 

            

             Uno de los temas más interesantes y polémicos del gobierno de Donald Trump ha sido el referido al retiro de los EE.UU. de los Acuerdos de Paris sobre el cambio climático, que se habían firmado en diciembre del 2015.

 

 

                 El presidente Trump volvió a reiterar la semana pasada su disposición para volver al Acuerdo de París, y así se lo expresó claramente al presidente francés Macrón en Davos, y lo reiteró el 28 de enero en una entrevista que le realizó Piers Morgan; Trump dijo que volverá, siempre y cuando se renegocien los términos del  acuerdo, que son “desastrosos” para los intereses de los EE.UU.

Piers Morgan lo entrevistó en exclusiva para la cadena ITV y cuando llegó al punto del cambio climático y el calentamiento global se produjo este intercambio:

                    

           

              Piers Morgan:-“Usted cree en el cambio climático?, Piensa que existe?”-

 

Presidente Trump:-“Hay enfriamiento y hay calentamiento, quiero decir, mire, no había cambio climático, había calentamiento global. Eso no estaba funcionando demasiado bien, porque se estaba poniendo bastante frío por ahí…

             

           

Las capas de hielo se iban a derretir, deberían haber desaparecido ya, pero resulta que ahora marcan records, OK?. Las capas de hielo están en un nivel record. Le voy a decir en lo que yo creo. Creo en el aire puro. Creo en el agua pura y cristalina. Creo que debemos tener una buena higiene en todo ”

               

               Do you believe in climate change? Do you think it exists?’

               ‘There is a cooling and there’s a heating. I mean, look, it used to not be climate change, it used to be global warming. That wasn’t working too well because it was getting too cold all over the place.

                 ‘The icecaps were going to melt, there were going to be gone by now, but now they’re setting records, OK? They’re at a record level. I’ll tell you what I believe in. I believe in clean air. I believe in crystal-clear, beautiful water. I believe in just having good cleanliness in all.

 

 

Desde que Donald Trump anunció el 1 de junio del 2017 que EE.UU. se retiraba del Acuerdo de París, no se han detenido las especulaciones sobre cuáles iban a ser los siguientes pasos que daría el polémico mandatario.

Teniendo en cuenta que los medios de comunicación le son bastante hostiles- una reciente encuesta marca que los principales medios norteamericanos hacen una cobertura “negativa” del presidente Trump en un 90% de los casos- el polémico tema del cambio climático y el calentamiento global están demasiados ligados al tema de la energía y la economía del país como para quedar al margen de las crecientes polémicas.

 

En su momento, el vicepresidente  Mike Pence quizás haya dado la clave secreta de toda la polémica,  al contestarle a un periodista  que el tema del cambio climático era “una preocupación de la izquierda”, con lo que enmarcó la polémica dentro de la gran temática de la “ Guerra Cultural”.

 

 

Aunque los Acuerdos de París no tienen  carácter vinculante, EE.UU. no puede permanecer en ellos si desea llevar adelante la política marcada por la agenda del presidente Trump, cuyo eje principal en lo económico implica una reindustrialización de la nación  a partir de los ingentes recursos energéticos liberados por la revolución tecnológica del Shale oil y del Shale gas . No resulta casual que el otro país que está en las puertas de la revolución del Shale sea Gran Bretaña, que ha decidido liberarse de las trabas ambientalistas impuestas por la Unión Europea con su voto a favor del Brexit.

 

             

 

Uno de los temas más polémicos y enredados de la administración Trump es sin duda el referido al cambio climático. Como el presidente ha dado pasos contundentes en la dirección contraria a la del mundo en general, no es ocioso profundizar en un tema que casi siempre se lo trata desde el punto de vista de la polémica entre grupos de opinión, y sólo muy raramente desde  los fundamentos científicos. Claro que los medios no son el lugar más adecuado para tratar la parte estrictamente científica del asunto, y se suele decir que la ciencia ya está definida y establecida, y que el 97% de los científicos están de acuerdo en que el cambio climático y el calentamiento global existen.

Pero como aclara el Dr. Richard Lindzen, eminente físico de la atmósfera del Instituto de Tecnología de Massachusetts, y uno de los científicos que más ha trabajado en la crítica minuciosa de la metodología utilizada por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de las Naciones Unidas -IPCC – no sirve de nada estar de acuerdo en algo que desde el punto de vista científico es trivial, en la medida en que no se cuantifique la magnitud de los cambios que se darán  en la temperatura del planeta, en una atmósfera con más gases de efecto invernadero.

Es la parte cuantitativa la que va a determinar si los cambios en la temperatura futura del planeta van a acarrear problemas más o menos graves.

En los últimos diez años se ha producido un desplazamiento gradual de la opinión de la comunidad científica, puesto que los modelos basados en el balance energético y en el efecto de los Gases de Efecto Invernadero que utiliza el IPCC, no han podido ser corroborados por el comportamiento del clima real y, como  ha señalado el Dr. Lindzen, lo más probable es que se haya sobreestimado el calentamiento del planeta al modelizarse en forma espuria, en el sistema atmosférico,  la importancia de los procesos de retroalimentación – feedbacks – específicamente los referidos al vapor de agua.

 

La influencia del Dióxido de Carbono sería bastante insignificante en relación a los factores naturales que determinan el comportamiento climático a largo plazo. La temperatura de la tierra se mantendría dentro de los parámetros normales que marcan los estudios paleoclimáticos para el pasado reciente de la tierra, y el aumento del CO2 en la atmósfera no tendría mayores consecuencias.

En realidad, considerando que el gas en cuestión es el alimento de las plantas, y que se cree que el reverdecimiento del planeta de las últimas décadas puede deberse al pequeño aumento desde 300ppm a principios del siglo XX hasta 400ppm de la actualidad, el incremento del dióxido de carbono atmosférico sería un beneficio mayor, teniendo en cuenta que la producción de alimentos es clave para el futuro.

 

Recientemente el límite máximo del calentamiento esperado para el año 2100, de acuerdo a los modelos del IPCC, se ha reducido a la magnitud de 2,4°C, bastante por debajo del de 4,5°C, que solía indicarse como cota máximo en los mismos reportes del IPCC hasta hace muy poco tiempo. Considerando que la metodología del IPCC establece que sólo el 50 % de esa cifra es debida al hombre -es decir, a la  quema de combustibles fósiles –,tenemos que la contribución del dióxido de carbono y los demás gases de efecto invernadero, estaría dentro de márgenes que no deberían preocuparnos.

 

Los informes del IPCC han sido utilizados por los grupos de intereses que fomentan la instalación de energías alternativas, eólica y solar, levantando la bandera de la urgencia de estas soluciones si es que se quiere “salvar el planeta”. Como los costos finales de estas “soluciones” muchas veces resultan inabordables, ya que ese tipo de energías son intermitentes y requieren sí o sí de un sostén o backup de recursos tradicionales, la oposición a éstas ha crecido y ha traído como consecuencia  que se hayan formado grupos de políticos y de ciudadanos muy críticos a estas alternativas, ahora que las deficiencias del enfoque de las Naciones Unidas se han hecho evidentes. Sin embargo, en general, los principales medios de opinión de todo el mundo siguen adheridos a la idea que el futuro del clima es peligroso y que “algo” hay que hacer.

 

 

 

 

 

Sarmiento y los EE.UU.

Este trabajo escrito hace más de diez años podía leerse en la página del Proyecto Sarmiento. Lo vuelvo a editar acá tal como fue escrito en su momento.

 

               Sarmiento y los Estados Unidos de Horace Mann.

 

Por:  Alejandro E. Giarrizzo.

 

 

 

El año 1845 fue uno de una actividad intensísima para Sarmiento. Entre los meses de mayo y julio aparece en el diario El Progreso de Santiago, que él mismo  había fundado algunos meses antes, “Civilización y Barbarie, Vida de Juan Facundo Quiroga”. Es también el año en que el gobierno de Rosas inicia un movimiento diplomático para presionar a las autoridades chilenas con el objeto de silenciar al exilado argentino, pretendiendo incluso que se lo extradite .

 

Bajo estas circunstancias, a las que se sumaban otros problemas suscitados por envidias y resentimientos que habían surgido entre algunos chilenos, preocupados por la trascendencia cada vez más evidente del sanjuanino, el ministro Montt, admirador y amigo personal de Sarmiento, acelera los trámites para que inicie el viaje de estudios que le había encargado. El 28 de octubre de 1845 parte de Valparaíso el velero Enriqueta  con rumbo a Montevideo, y así Sarmiento inicia un viaje que sería de magnitud para él y para el destino de la Argentina.

Veintidós meses después, en agosto de 1847, Sarmiento se encuentra en Londres, luego de haber recorrido varios países europeos en pos de los últimos adelantos educativos, y se da cuenta de que su presupuesto casi se ha agotado.

¿Cómo fue que a Sarmiento, teniendo apenas unos pesos  en sus bolsillos,  que a duras penas y tras peripecias le hubiesen permitido volver a Chile, se le ocurre cruzar el Atlántico  para conocer los Estados Unidos?

Sucede que había llegado a sus manos un folleto importantísimo, que inmediatamente atrajo su atención. El escrito  era de un norteamericano, Mister Horace Mann, y se titulaba Informe de un viaje educacional en Alemania, Francia, Holanda y Gran Bretaña. En este folleto el norteamericano de Massachussets le informaba a la Junta de Educación de su estado las experiencias y los resultados que había obtenido durante un viaje cuyo propósito había sido también la investigación de los sistemas educativos de Europa.

Es probable que  él ya conociese, desde su exilio en Chile, alguna referencia a la importante obra que para el adelanto de la educación primaria se llevaba adelante en Nueva Inglaterra; pero quizás no  había tenido oportunidad de leer ninguno de esos escritos de primera mano. Es así como Sarmiento reconoce por primera vez que su pasión por la educación popular tenía en el norteamericano un pionero y un hacedor consumado.

 

Cuando Sarmiento llega a los EE.UU. en su primer viaje, tras desembarcar en  Nueva York en setiembre de 1847, lo que ve lo confirma en su inmenso entusiasmo por el progreso de los pueblos, y lo pone frente a un espectáculo de despliegue de civilización que habría de hechizarlo a partir de ese momento. Nunca se llegará a sobreestimar el gran significado que tuvo este primer viaje a los EE UU para Sarmiento,  que ve allí confirmado su sueño civilizador. Por eso resulta imprescindible la lectura del capítulo “Estados Unidos” de su libro “Viajes por Europa, África y América (1845-1847)“.

 

La primera edición de este libro apareció en dos tomos en Chile, luego del regreso del largo viaje;  el primero de estos tomos salió de la imprenta en 1849 y  contiene la narrativa de la primera parte del viaje; su último capítulo es el referido a la ciudad de Roma. El segundo volumen apareció dos años después, en 1851 y es el que contiene los capítulos que nos interesan. Esta aclaración es importante puesto que muchas veces se pasa por alto el hecho de que Viajes no es sólo un libro que contiene las experiencias de un periplo en pos de la experiencia de los países adelantados en educación; la segunda parte de Viajes debe considerarse como uno de los libros-programa más importante de Sarmiento; forma una trilogía junto a Educación Popular y Argirópolis. Estos tres libros engloban lo esencial del programa político – civilizador del sanjuanino, programa que tratará de llevar a cabo durante el resto de su vida.

 

Algunos han quedado un tanto desconcertados al considerar en conjunto la forma epistolar del libro, su contenido sustancial y el hecho de las pocas semanas que Sarmiento pasó en la república norteamericana; de su lectura se infiere un conocimiento detallado de los aspectos políticos, sociales e históricos de los EE.UU. Sucede que el libro es mucho más que la simple edición de las cartas que Sarmiento habría escrito a sus conocidos durante el viaje: es un verdadero tratado sobre una civilización novedosa, en la que por primera vez la humanidad hace reales las ideas igualitarias y de progreso que los filósofos de la Ilustración habían prometido.

 

Sarmiento evaluó muy bien las posibilidades que le abría la publicación de sus Viajes . De la lectura del libro se concluye que Sarmiento volvió a leer a Alexis de Tocqueville;  en la obra de este francés,  “ De la democracia en América”, encuentra los elementos  para contrastar sus apuntes y sus ideas y para profundizar en los aspectos que más le interesaban: la organización político-económica de los Estados Norteamericanos, fundada en la piedra basal de las libertades individuales.

 

El encuentro con los Estados Unidos fue determinante para consolidar un proyecto civilizatorio cuyo eje es la movilización de las potencialidades de los individuos mediante el poderoso motor de la educación universal. Un elemento adicional que afianzó su entusiasmo por el país del norte fue el fuerte contraste con la realidad europea que acababa de experimentar; una situación europea – Sarmiento se refiere específicamente a Francia – en la que la miseria del pueblo trabajador y las profundas diferencias de riqueza y rango echaban por la borda el sentido mismo de la República.

 

De todo esto es testimonio ese libro impresionante que es el dedicado a los EE.UU. en los Viajes.

 

Con el ejemplo yanqui frente a sus ojos, va desplegando las ideas fundamentales para un orden social basado en la libertad individual y la productividad de la economía. La abundancia económica surge de una combinación de elementos, en cuyo centro se halla la  unión del capital con una comunidad del trabajo bien educada y motivada para progresar Conviene, para tener una idea cabal, citar en extenso dos párrafos muy importantes:

 

“En los alrededores de Boston, a distancia de 12 millas, unido a la ciudad por un camino de hierro para las personas y por un canal para las materias primas, está Lowell, el Birminghan de la industria norteamericana. Aquí como en todas las cosas brilla la soberana inteligencia de este pueblo. ¿Cómo luchar con la fabricación inglesa producto de ingentes capitales empleados en las fábricas, y de salarios ínfimos pagados a un pueblo miserable y andrajoso? Dícese que las fábricas aumentan el capital en razón de la miseria popular que producen. Lowell es un desmentido a esta teoría. Ningunas ventajas o escasísimas llevan a los ingleses en el costo de la materia prima; pues, tanto vale llevar a Londres o Boston por mar las balas de algodón de la Florida; pero las diferencias de salarios son enormes, y sin embargo, los tejidos de Lowell sostienen la concurrencia con los ingleses en precio y les aventajan de ordinario en calidad. ¿Cómo han hecho este prodigio? Apurando todos los medios inteligentes de que el país es tan rico. El obrero, el maquinista son  hombres educados; su trabajo, por tanto, es perfecto, sus medios ingeniosos; y pudiendo calcular el tiempo y el producto, producen mayor cantidad de obra y más perfecta.

Las hilanderas y trabajadoras son niñas educadas, sensibles a los estímulos del deber y de la emulación. Vienen de 80 leguas a la redonda a buscar por sí medios de reunir un pequeño peculio; hijas de labradores, más o menos acomodados, sus costumbres decorosas la ponen a cubierto de la disolución. Buscan plata para establecerse, y en los hombres que la rodean no ven sino un candidato marido. Visten con decencia, llevan medias de sedas los domingos, sombrilla y manteleta en la calle; ahorran 150 o 200 pesos en algunos años y se vuelven al seno de su familia, en actitud de sufragar los gastos de establecimiento de una nueva familia (…) De todo el mal que de los Estados Unidos han dicho los europeos, de todas las ventajas de que los americanos se jactan y aquellos les disputan o afean con defectos que las contrabalancean, Lowell ha escapado a toda crítica y ha quedado como un modelo y un ejemplo de lo que en la industria puede dar el capital combinado con la elevación moral del obrero. Salarios respectivamente subidos producen allí mejor obra y al mismo  precio que las fábricas de Londres, que asesinan a las generaciones…” (1)

 

¿Cuál es el motor para que esta combinación dé resultados tan espectaculares? Para darnos la clave recurre Sarmiento, otra vez, a comparar este nuevo orden con la realidad de Europa:

 

“Los caminos de hierro, como medio de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados Unidos, y como en ambos países datan de ayer sólo, en ellos puede estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes; dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento en opuestas direcciones; si un camino vecinal atraviesa el trayecto, fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente un cuarto de hora antes que lleguen los vagones a fin de evitar accidentes. De distancia en distancia por toda la extensión del camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculo que detenga el convoy, que no parte del embarcadero sino cuatro minutos después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos los transeúntes ocupen sus lugares, las puertas están cerradas, y el camino espedito, y nadie cerca ni a una vara del paso del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos lo que se pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa leguas de bosques, primitivos, donde aun no se ha establecido morada humana. Como la empresa carece aún de fondos, los rieles son de madera, con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo del maquinista escudriña frecuentemente por temor de un desastre. Una sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya de los accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar enseguida su marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dice< tenga cuidado con la campana cuando se acerque>, jeroglífico que previene al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido imprudentemente de por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del embarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros, descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aún en el rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado del camino, y la locomotora norte-americana va precedida de una trompa triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos sistemas son demasiado perceptibles. La Europa con su antigua ciencia y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de los caminos de hierro que facilitan el movimiento en norte-américa. El europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado; su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo; verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros, todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su derecho de cuidarse a sí mismo, su intensión y su voluntad. El yanquee se guarda a sí mismo, y si quiere matarse nadie se lo estorbará; si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de expender un número más ha dejado que el tren tome toda su carrera y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con la que cae parado, y sigue en pie su camino. He aquí como se forma el carácter de las naciones y como se usa la libertad. acaso hay un poco más de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no presos disciplinados, a quienes se les administra la vida….”

(2)

Casi cien años tendrían que pasar para que la “escuela institucional” de economía política redescubriese los fundamentos no-económicos del sistema de economía de mercado, magistralmente expuestos en los párrafos que hemos citado.

 

Todos estos elementos, que en Tocqueville apenas se insinuaban, puesto que el aristócrata francés admirador de la República Norteamericana había destacado fundamentalmente los aspectos políticos de su novedoso  ordenamiento institucional, están en Sarmiento expresados de forma tan excelente que en los EE.UU. el argentino es considerado por la tradición historiográfica como uno de los grandes propagandistas y apologetas del sistema norteamericano.

 

Dadas estas circunstancias, no es de extrañar que uno de sus mejores biógrafos sea un yanqui, Allison Williams Bunkley. Su libro “Life of Sarmiento”  es, a través de sus quinientas páginas, una de las mejores exposiciones del “espíritu sarmientino”. Hay una traducción publicada por la editorial Eudeba en 1966, que trae algunos pocos – pero importantes – errores , que desgraciadamente trastornan el sentido de lo que el autor quiso decir, cambiando en rechazo lo que es en verdad aceptación entusiasta.

 

 

Horace Mann. (3)

 

Este hombre  formó parte de esa pujante estirpe de norteamericanos de Nueva Inglaterra que en los primeros decenios del mil ochocientos sintieron la necesidad imperiosa de dar  nuevas  formas a las ideas estéticas, políticas, sociales y económicas dominantes por entonces, que padecían el natural envejecimiento frente al vertiginoso cambio que se desplegaba en el país. El ámbito donde floreció toda la inspiración de este hombre fue el de la educación popular y la pasión de Sarmiento por el tema tuvo, en Horace Mann, a uno de sus principales adelantados.

 

Su importancia en el impulso de la escuela pública en Massachusetts primero y luego, a partir de su ejemplo, en todos los Estados Unidos, aparece como uno de esos eventos de la historia americana que han encontrado su duplicación en este hemisferio, y que se hallan signados por el fervor  en una idea.

 

 

Horace Mann nació y fue criado en una granja; sus padres, muy pobres, poco pudieron hacer para que no viviese en carne propia las limitaciones de la enseñanza pública que se padecía por aquellos tiempos pioneros. Las estrictas enseñanzas de un pastor calvinista dejaron en él una marca indeleble, y más tarde, cuando estuvo en posición de organizar y dirigir la educación pública de su estado, no olvidó consignar los peligros que para el alma del niño podía significar llevar el rigorismo religioso a semejantes extremos. Sin embargo, la rigurosidad que se impone en los sentimientos de quien vive bajo el imperio de un mandato religioso jamás habrían de desaparecer de sus actos; y su prosa encendida es un buen testimonio de ello.

 

No fue un teórico de la Academia y tampoco escribió libros especializados; en sus obras públicas está concretado todo el entusiasmo de sus ideas por el impulso del bien común. Lo que tuvo que decir sobre la educación pública se lo puede encontrar en los doce reportes anuales que escribió como Director de la Junta de Educación del Estado de Massachusetts, y en los diez volúmenes del  “Common School Journal”, que él editaba.

 

La pasión reformista y el fervor democrático que impregnaban todos sus actos no le impidieron ser un gran negociador. Sabía que era urgente convencer a las mayorías para que dieran su apoyo a la escuela pública. En esos tiempos, la mayoría del pueblo no veía a la escuela como una oportunidad de progreso, sino como una maldición que los privaba del valioso aporte laboral de sus hijos. Los ricos estaban conformes con el sistema de escuelas diferenciadas que era el mismo que regía en Inglaterra,  país potencia de la época. Pero Horace Mann sabía muy bien de las urgencias que tenía la nación norteamericana, que estaba llevando adelante una experiencia democrática nunca antes vista en la historia.

 

Cuando decidió aceptar el cargo de director de la educación en el estado de Massachusetts era ya un abogado exitoso, y representante del partido reformista en la cámara estatal. Muchos pensaron en ese momento que cometía un error al aceptar ese cargo de tan poco futuro. Él, entonces, escribió a su hermana:

 

“¿no es mejor hacer el bien que ser alabado por haberlo hecho? Si no se sembrase semilla alguna excepto las que nos prometieran una cosecha plena antes de nuestra muerte ¡Qué rápidamente los hombres caerían en la barbarie! Si yo puedo ser el medio de promover las mejores construcciones para los edificios escolares, los mejores libros,  la mejor organización para los estudios,  las mejores formas de instrucción; si puedo descubrir los medios por los cuales un niño que no piensa, que no reflexiona, que no habla, puede ser convertido en un noble ciudadano, preparado para luchar por lo correcto y para morir por lo correcto, si sólo pudiera obtener y difundir a través de este Estado algunas pocas buenas ideas sobre éstas y similares materias, entonces  podría ilusionarme en que mi actuación no ha sido completamente en vano.”

 

Su puritanismo está presente a través de toda su filosofía educativa. Que Dios existe, y que merece por parte del hombre una absoluta obediencia a sus leyes, es algo que da por supuesto, y sobre esta convicción se levanta su argumento moral a favor de la escuela pública:

 

“obedeciendo a las leyes de hoy y a las de todas las comunidades civilizadas, la sociedad debe proteger la vida natural; y la vida natural no puede ser protegida si no es mediante la apropiación y uso de una parte de la propiedad que la sociedad posee…(…) pero, ¿para qué preservar a los no nacidos si es que no queremos cuidarlos y protegerlos y expandir su existencia hacia la utilidad y la felicidad. Como individuo o como comunidad organizada no tenemos derecho, no podemos obtener autoridad ni apoyo de la razón, no podemos citar ningún atributo a propósito de la naturaleza divina para hacer nacer a una criatura y luego cargarla con la maldición de la ignorancia, de la pobreza y el vicio, con todas las calamidades concurrentes. Somos llevados entonces, ante esta alarmante pero inevitable alternativa: la vida natural de un infante debe ser extinguida inmediatamente que nace, o deben proveerse los medios para hacer que esa vida no sea una maldición para sus poseedores; y por lo tanto cada estado está obligado a dictar un código de leyes que legalicen y obliguen al infanticidio, o un código de leyes que establezcan las escuelas públicas.”

 

Como alguien que se tomaba en serio el ideal democrático estampado en la Declaración de la Independencia y en la Constitución, estaba desconcertado e indignado con aquellos que despreciaban la educación pública. Lo que se necesitaba era:

 

“Un sistema enérgico y comprensivo de la educación popular, lo suficientemente bueno para los más ricos, abierto a los más pobres – “

 

  En su Decimosegundo Informe recordaba cómo se habían asegurado estos logros :

 

la inteligencia de un Estado fue invocada para justificar semejante sistema, y su liberalidad, para mantenerlo. Las reformas habían de hallarse, ya fuera en casa o en el exterior, y adaptadas con igual presteza ya sea que vinieran de la orgullosa Jerusalén o de la menospreciada Nazaret. La incompetencia de los maestros fue expuesta en un espíritu de justicia, moderadas con amabilidad; puesto que, esta unión de la justicia y la amabilidad que conduce a un hombre a abandonar su error o reparar sus deficiencias, es la más adorable forma de indulgencia. Los comités fueron informados y estimulados para que conocieran y cumplieran sus deberes. El dinero para el pago generoso de los maestros fue obtenido del bolsillo de los ricos por persuasión, o grabado con impuestos. Apelando al deber, a la decencia, al amor filial; a través de la reprimenda o del ridículo; a través de cualquier medio que no fuera absolutamente criminal. Toda esa clase de edificaciones miserables que provocan dolor y enfermedad, fueron borradas de la faz del Estado; un trabajo que, de haberse podido hacer enseguida no habría dejado más de cien escuelas en pie en toda la comunidad. “

 

El impulso y entusiasmo de Horace Mann fueron comprendidos y apoyados por sus conciudadanos, que incluso evitaron, a través de los representantes, que un gobernador que venía con el impulso para recortar el gasto público eliminase la Junta de Educación. En 1842 su notoriedad le valió ser el orador en la conmemoración del 4 de julio en Boston; no perdió su oportunidad para exponer taxativamente la centralidad de la educación pública en la construcción de una sociedad que pretende basarse en la libertad y en la justicia:

 

“no es suficiente que una simple mayoría sea inteligente y honrada. Necesitamos de la inteligencia y de la integridad en general, tanto como necesitamos de nuestro pan diario. Por el voto de unos cuantos malvados, o aún por el de un solo malvado, los hombres honorables pueden ser echados  de sus puestos y los malandras ocupar su lugar (…) si los votos provienen de la ignorancia y el crimen, entonces estaríamos aún peor que bajo la lluvia de piedra y fuego que azotó Sodoma y Gomorra; las escuelas selectas para chicos selectos deben ser descartadas. En vez del viejo orden nobiliario, un nuevo orden debe ser creado; un orden de educadores sabios, benevolentes, cargados de entusiasmo cristiano y premiados y honrados por todos. Que nuestro lema sea: ¡Educad a este pueblo!

 

Notas:

 

  • –Domingo F. Sarmiento: Viajes; Crítica, Javier Fernández, Coordinador, Colección Archivos, Madrid, 1993. – pag.389-390
  • –Domingo F. Sarmiento: Viajes; Crítica, Javier Fernández, Coordinador, Colección Archivos, Madrid, 1993. – pag. 316-318.
  • Esta sección está basada en: Robert C. Whittmore: Makers of the American Mind, William Morrow & Co., 1964 pag. 199-215.