Aniversarios: Friedrich A. Hayek y la caida del Muro de Berlín.

Hace 75 años se publicaba un libro clave para la comprensión de acontecimientos que terminarían por desencadenarse recién 45 años después; y era la clave porque explicaba en forma clara y precisa la imposibilidad de que funcionase un sistema que, sin embargo, en la letra, había apasionado a los hombres de todos los tiempos.

Hablamos del libro de Friedrich A. Hayek Camino de Servidumbre; los sucesos o ¨El Suceso¨ es la caída del Muro de Berlín; el sistema es el comunismo.

El año es 1944, se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial y en Londres un economista de origen austríaco reflexionaba sobre lo que para él era un extraordinario predominio de ciertas ideas que parecían prevalecer en muchos de sus colegas y en otros hombres destacados de la comunidad intelectual británica. Estas ideas, que se ponían de moda a velocidad increíble, eran las que proponían para Inglaterra un futuro económico de planificación, de nacionalizaciones de industrias clave y de mayor regulación e intervención económica del estado; socialismo, en definitiva. Los intelectuales británicos pensaban que esto era lo único que salvaría a Inglaterra del destino cruel que ya había caído sobre Alemania, el nazismo.

Friedrich Hayek sabía muy bien que esta concepción erraba de cabo a rabo, porque él venía del vientre mismo del monstruo donde todo eso se había gestado: la escuela historicista de pensamiento económico que había florecido en Alemania y Austria en las últimas décadas del siglo XIX.

En el capítulo dedicado a rastrear los orígenes de las ideas que alimentaban al movimiento nazi, Hayek pudo demostrar en forma convincente que el antiliberalismo y el anticapitalismo eran una parte fundamental. Así, el nazismo parecía compartir una raíz común con el comunismo. Pero Hayek no pudo o no quiso utilizar a la Unión Soviética como ejemplo, puesto que en ese momento era aliada de Inglaterra en la contienda mundial. Y los socialistas ingleses reaccionaron de muy mala manera al ver que sus iniciativas de políticas públicas eran puestas en pie de igualdad con las políticas del régimens nazi.

Pero sin lugar a dudas, Hayek había acertado en cosas fundamentales. El desprecio que demostraban los ideólogos del partido nazi por la tradición ilustrada de Europa, su hostilidad al liberalismo, coincidían con aspectos claves de la concepción histórica del marxismo. El mismo nombre del partido era trasparente: Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei: Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores; muchos de sus integrantes eran ex socialistas y ex comunistas. Además, muchas de las políticas públicas que implementó Hitler en los primeros años de su gobierno eran una continuidad de las políticas socializantes que habían abundado en la República de Weimar, el anterior gobierno alemán entre 1919 y 1932.

Hayek deseaba con su libro alertar a los británicos sobre una tendencia que parecía, en principio, inocente y bien intencionada: regular la economía para evitar en el futuro los altibajos y crisis recurrentes del sistema capitalista. De este modo, según esos intelectuales filo- socialistas, se evitaría repetir el trágico destino de Alemania.

Pero eran justamente esas regulaciones e intervenciones en la economía de mercado las que habían provocado, en última instancia, las condiciones propicias para el definitivo control burocrático de la sociedad, condición sine qua non para la eliminación del orden republicano y la instauración de una dictadura.

Hoy, a treinta años de la caida del muro de Berlín, la situación de la sociedad mundial no deja de ser paradójica: por un lado se han producido avances muy importantes en ciertas mejoras materiales en los países más pobres, y hasta podría pensarse que también en muchos de ellos ha mejorado el respeto a los derechos fundamentales de sus ciudadanos; en el ámbito de los países más ricos impera una especie de escepticismo, para no decir pesimismo sobre el futuro de la humanidad: y esto se evidencia en las revueltas y manifestaciones en contra los partidos políticos tradicionales .

Como es evidente, las mejoras en la calidad de vida pueden ser un freno para la repetición de lo más siniestro de la historia pasada; pero ningún monto de incremento en el consumo material puede aportar al avance moral de los hombres, si este incremento se hace a costa del sacrificio de la tradición espiritual, religiosa y artística de un pueblo.

No podemos preveer hacia dónde nos conducirán las corrientes igualitarias que hoy predominan en el pensamiento político; pero si ese igualitarismo implicase un crecimiento del control burocrático de los ciudadanos se pondría en peligro la esencia misma del sistema liberal y las condiciones de la creación de la riqueza que se pretende distribuir.

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