GLOBALIZACIÓN Y GLOBALISMO. REFLEXIONES SOBRE EL DESTINO DE LA NACIÓN Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Corren tiempos agitados para la política mundial. Los debates en torno a los problemas que sugiere el título van ganando la escena cotidiana  en Europa, con la gran crisis del Brexit y el ascenso imparable de los llamados “populismos” de derecha, y en los Estados Unidos con las iniciativas tan discutidas del presidente Trump.

 

En Argentina el destino de la política en los próximos años tendrá mucho que ver con cómo se posicionan los partidos políticos y las demás organizaciones de la sociedad civil en relación a este debate sobre el curso de la política global.

 

Argentina es un país que nace con la globalización mundial, en sus dos manifestaciones: primero, como parte del Imperio Español, y después de 1810 como tercer momento de la Gran Revolución Liberal Mundial, que comienza en Nueva Inglaterra en 1776 y continúa en París en 1789, para finalmente llegar al Río de la Plata.

 

Este doble nacimiento de la Argentina presenta una contradicción entre el viejo orden colonial de las ciudades del interior y la nueva dinámica asociada a la internacionalización de los intercambios que representa Buenos Aires y el Litoral. Esta contradicción tratará de  resolverse en dos momentos, después de largos años de enfrentamientos en las guerras civiles: La Federalización de Buenos Aires en 1880 intenta cerrar el ciclo de la desunión federal, y posteriormente el hirigoyenismo y el peronismo democratizan y tratan de cerrar  el ciclo de las dos argentinas: la próspera del Litoral y la pobre del interior.

 

No cabe duda que Argentina no puede estar al margen de lo que vaya a  suceder con los grandes debates que se avecinan, relacionados con el destino del comercio mundial y con la puja entre nacionalistas soberanistas, que pretenden retomar y consolidar la idea del Estado-Nación y de la Soberanía del Pueblo por sobre todo, y los internacionalistas globalistas que desde el eje Wall Street-París- Londres-Berlín – Beijing pretenden lo que laxamente se llama “gobernanza mundial”.

 

En principio pareciera que la idea de gobernanza mundial  tendría pocas posibilidades  de imponerse, puesto que carece de un núcleo esencial, y sólo se apoya en presunciones de ciertos grupos económicos muy poderosos y en la ideología del Desarrollo Sostenible y del combate contra el Cambio Climático. Sin embargo, no hay que subestimarla, puesto que los medios que posee para imponerse en la mentalidad de los pueblos, en sus clases más acomodadas, son poderosos y están muy bien coordinados con ciertas ideas-fuerza que se vienen agitando desde hace mucho tiempo.

Vamos a discutir algunas de estas ideas-fuerza mientras realizamos un análisis crítico del artículo de Karl Schwab: ¿Qué es la Globalización 4.0 y estamos listos para ello?

el artículo puede leerse en el siguiente link:

https://es.weforum.org/agenda/2018/11/los-forcejeos-de-la-globalizacion-4-0/

Yo he elegido los párrafos de mayor interés conceptual para hacer los comentarios y las críticas. Algunas palabras difieren puesto que mi análisis se hizo sobre el original en inglés

El texto de los párrafos de interés está en letra negrita, y mis comentarios y críticas en letra común:

Los medios afines a la idea globalista que publicaron el artículo-South China Morning Post y Project-Syndicate, por ejemplo, lo introducen con el siguiente párrafo:

“La respuesta a la globalización no es una retirada dentro de las fronteras nacionales, sino la creación de nuevos modelos que ofrezcan oportunidades para todos….”

 

En la medida en que la globalización agudiza los viejos problemas de las naciones y crea otros nuevos – y aquí nos importa fundamentalmente aquellos países en desarrollo o emergentes, o países como Argentina inmersos en un largo proceso de estancamiento y crisis – las soluciones deberán buscarse fronteras adentro, en el cuerpo político del estado-nación, que es quien sufre las consecuencias del atraso y del subdesarrollo.

 

“Luego de la segunda guerra, la comunidad internacional se juntó para construir un futuro compartido. Ahora debe hacerlo de nuevo”.

 

La situación entonces era diferente y fueron los Estados Unidos quienes salieron adelante para promover y sostener la recuperación de Occidente, de modo de enfrentar, con el  fortalecimiento del hemisferio, la amenaza soviética.

Hoy los problemas son de otro tipo y los actores han cambiado.

La globalización es vista como una fuerza hostil que puede provocar graves trastornos en la vida de las naciones. No sólo porque su fuerza económica es difícil de amansar y adaptar a los requerimientos de cada país, sino porque, y principalmente, afecta valores políticos, morales e históricos que son la base y fundamento de la vida nacional.

 

“El discurso populista elude y a veces confunde las distinciones sustantivas entre dos conceptos: globalización y globalismo. La globalización es un fenómeno impulsado por la tecnología y el movimiento de las personas , ideas y mercaderías. El globalismo es una ideología que da prioridad al orden global neoliberal por sobre los intereses nacionales. Nadie puede negar que estamos viviendo en un mundo globalizado. Pero si todas nuestras políticas debieran ser globalistas es altamente debatible”.

 

 

La distinción pudiera ser pertinente en otro contexto, pero aquí es la misma distinción la que confunde. Se trata en realidad de que el mundo se encuentra en una nueva etapa de la globalización, etapa que va acompañada por la ideología globalista, que no sólo está hecha de neoliberalismo, sino fundamentalmente de la idea de un nuevo orden capitalista de gobernanza global liderado por las  ideas del combate contra el cambio climático y el desarrollo sustentable, ideas que no son tan inocentes y bonitas como parecen, tampoco neutrales, sino que implican una determinada orientación económica que la más de las veces va en contra de la soberanía y de los intereses de los países y pueblos más necesitados en desarrollarse . Un caso concreto y drástico es la imposición de restricciones sobre la utilización de combustibles fósiles- carbón , petróleo y gas – elementos indispensables para movilizar las fuerzas productivas y salir de la pobreza y del atraso. Sin ellos no hay industrialización posible y sin industrias las naciones no pueden valerse por sí mismas y permanecerán dependientes para siempre.

Hay que poner como ejemplo los sucedido en Africa en las últimas décadas, imposibilitada de salir del atraso y la miseria por las políticas restrictivas impuestas por la Unión Europea, que impiden toda ayuda o crédito para el desarrollo de los combustibles fósiles.

Incluso los países que más favorecen estas políticas se ven alcanzados por la maldición de esta ideología ambientalista: en Alemania, la Transición Energética- Energiewende- ha logrado descarrilar la propia política al sumar problemas al ya espinoso de la inmigración , poniendo en graves dificultades a la alianza de gobierno CDU-Socilademocracia.

 

“Ante la demanda de los votantes por retomar el control que las fuerzas globales han arrebatado..(….)..Mejor que cerrar las economías a través del proteccionismo y políticas nacionalistas, debemos forjar un nuevo contrato social, entre los ciudadanos y sus líderes de modo que todos se sientan lo suficientemente seguros en sus lugares para que permanezcan abiertos a todo el mundo. Si esto falla la subsiguiente desintegración de nuestro tejido social puede en última instancia conducir al colapso de la democracia.”

 

En principio los problemas deben analizarse país por país y región por región. La cuestión de la crisis económica en los países de la Unión Europea, con la superposición de los problemas acarreados por la inmigración, poco tienen que ver con los problemas de las crisis, inestabilidades y declinación económica de los países de América Latina. Son problemas que tienen historias distintas aunque todos por igual se hayan podido poner de manifiesto espectacularmente con la crisis financiera global del 2008.

Requieren soluciones nacionales, aunque es importante, tanto en Europa como en el Mercosur, el diálogo entre los países para llegar a soluciones duraderas.

 

 

“Después de todo, este momento de crisis ha hecho surgir importantes cuestiones sobre nuestra arquitectura de gobernanza global.”

 

Es la supuesta gobernanza mundial la que está en cuestión,  mientras que por ahora es sólo una idea sin concreción , que no se ha materializado aún y que no ha sido aceptada.

Este supuesto modelo o arquitectura de gobernanza global no existe ni puede ser impuesto unilateralmente por Bruselas, ni por las Naciones Unidas, ni por las transnacionales de la economía y sus imperios mediáticos- Google Amazon, Facebook, etc. y esto no es ni más ni menos que una nueva transfiguración de viejos intereses que en su momento fueron rotulados como colonialistas e imperialistas.

 

Los acuerdos logrados en el marco de la Organización Mundial del Comercio, o dentro del ámbito de las Naciones Unidas, incluso los pactos y acuerdos que constituyen la Unión Europea, sólo perduran y se sostienen si son equitativos y las partes comprometidas no se ven perjudicadas. Si esto sucede, los acuerdos se rompen- es el caso del Brexit y también el caso de las renegociaciones del Nafta llevadas adelante por los Estados Unidos, México y Canada.

Equiparar estos acuerdos con las Constituciones de cada Nación es un despropósito. Si estos acuerdos se rompen, la soberanía del pueblo en cada país queda incólume.

Los intereses democráticos de cada país van a dictar el momento de la entrada y salida de estos acuerdos.

 

 

“Más aún, los desafíos asociados con la cuarta revolución industrial son coincidentes con la rápida emergencia de restricciones ecológicas, el advenimiento de un creciente orden internacional multipolar y una desigualdad creciente. Estos desarrollos integrados están dando origen a una nueva era de globalización . Si mejorará la condición de la humanidad dependerá de cómo la gobernanza corporativa, local, nacional e internacional puedan adaptarse a tiempo.”

 

La globalización económica siempre ha estado acompañada de trastornos en las condiciones básicas de producción y distribución del producto económico. Estos cambios están dados por un campo de fuerzas asimétrico a nivel de los poderes económicos y las naciones. Los países los adoptan porque no tienen más remedio. Que en última instancia, a mediano y largo plazo beneficien a los pueblos dependerá de las condiciones políticas internas, y es tarea de la democracia hacer que los períodos de cambio y transición de un modo económico a otro sean lo más suaves posibles para los sectores populares más expuestos. Si esto no es posible, hay que asegurarse de los mayores beneficios posibles de estas transiciones  y no dejar las cosas a mitad de camino.

 

 

“…un nuevo marco para la cooperación pública-privada ha ido tomando forma. La cooperación público-privada consiste en aprovechar el sector privado y los mercados abiertos para impulsar el crecimiento económico para el bien público teniendo siempre en cuenta la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. Sin embargo, para determinar lo que comprende el bien público primero debemos identificar las causas de la desigualdad”.

 

El modelo del Foro Económico Mundial surgió en los años setenta del siglo XX conjuntamente con las ideas del Club de Roma. Hoy se toman los lineamientos de la Agenda 21 de las naciones Unidas y los consejos surgidos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climatico- IPCC.

El énfasis está puesto en la “descarbonización” de las economías con el supuesto objetivo de controlar el Cambio Climático – antes Calentamiento Global – Por eso se insiste tanto con la sustentabilidad, que el Foro asocia simplemente al control de las emisiones de Dióxido de Carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles.

Hay que destacar que estos lineamientos no son siempre explícitos en los análisis del Foro, pero se concluyen del contenido de sus documentos.

Es la excusa para plantear esta nueva cooperación internacional acuciada por las urgencias que surgirían de esta nueva situación económica.

Esta censura que se hace a la nueva economía de la cuarta revolución industrial, que podría ampliar la brecha de la desigualdad por las ganancias del capital  y los derechos de la propiedad intelectual constituye una velada censura del capitalismo industrialista norteamericano que el presidente Trump insiste en consolidar, pero que para los ideólogos del Foro es el paradigma a superar.

 

El modelo económico del Foro de Davos es el modelo socializante de la Unión Europea, enfrentado hoy a la crisis de credibilidad frente al surgimiento de los populismos nacionales.

Se hace referencia y se resalta el hecho de que vivimos en una nueva economía que requiere nuevas ideas de cooperación internacional, y sin embargo todos los problemas reales que han surgido hasta hoy, desde el mismo momento en que estallara la crisis financiera del 2008, son problemas políticos y económicos del estado-nación, que podrán resolverse de acuerdo a las circunstancias particulares de cada país. En todo caso, como ha demostrado con creces la crisis de Grecia, no existe tal cooperación sino una imposición de los fuertes sobre los débiles.

 

La confianza del público, de los electorados, no se ha perdido porque se carezca de reglas y normas para enfrentar los problemas de la nueva economía; se ha perdido la confianza de la gente por las consecuencias negativas de las crisis económicas y el accionar equivocado de la burocracia comunitaria de Bruselas, que siempre actúan en función de los intereses de los países más poderosos y en detrimento de los débiles, sin hacer caso a las decisiones democráticas de los pueblos.

 

En los últimos treinta años desde la caída del muro y la desintegración de la unión soviética hemos atravesado diversas etapas de la evolución económica. Al principio se amplió la economía global con la inclusión de los países del Este europeo y la vertiginosa entrada de China en el comercio global. Fueron los años de crecimiento y expansión entre 1993 y 2007.

La crisis del 2008 inicia un período de reajuste con una reducción drástica del ritmo de crecimiento, pero sin llegar a una dislocación del comercio mundial, gracias al compromiso de las principales naciones para no cerrar sus mercados. China expande el crédito y continúa como locomotora del comercio mundial frente a la retracción de los mercados internos de Estados Unidos y la Unión Europea.

 

Pero Europa y los Estados Unidos sufren una crisis política por la desilusión de sus ciudadanos y ahí comienza el desplazamiento de los electorados hacia propuestas nacionalistas que prometen privilegiar los intereses internos y hacer frente al designio mundial de los grupos entusiastas con la continuidad de la globalización.

 

Pareciera que la única propuesta del Foro de Davos es la que implica una economía más socializada al estilo de la tradicional de la Unión Europea, y que siga los lineamientos de la descarbonización de los Acuerdos de París. Estas políticas ,sin embargo, no están resultando en la propia Europa, teniendo en cuenta la bajísima performance de la Energiewende alemana.

 

Tratar de imponer recetas costosas a los países en desarrollo, recetas que incluso en los países centrales están fracasando, no parece una alternativa auspiciosa si es que se requiere una nueva etapa de cooperación internacional.

Frente a esto, el discurso dado por el presidente Trump en Davos en enero del 2018 fue categórico: los Estados Unidos están transformando su economía a través de la desregulación y la liberación de trabas injustificadas para el uso de los combustibles fósiles. Frente al estancamiento de las propuestas socializantes de Europa, los Estados Unidos se ofrecen como modelo de crecimiento e innovación para acelerar la producción de riqueza, que es, en definitiva, lo único que le debe importar a los países que tratan de superar el estancamiento.

 

La llave maestra de toda la argumentación a favor de la globalización, la apertura de las economías y la cooperación internacional para afrontar los desafíos de la cuarta revolución industrial, proviene de la idea de las “restricciones ecológicas”, es decir, el cambio climático. La solución entonces será ir adelante con las políticas de “transformación energética”. La contradicción acá es que estas políticas no dan buenos resultados en los propios países centrales, y tanto en Alemania, como en Canadá y Australia se produce un gran debate sobre los altos costos implícitos, costos que salen de los bolsillos de los contribuyentes que al final terminan oponiéndose a estas políticas, una vez que se descorre la cortina del engaño montada durante los últimos veinte años.

En las recientes elecciones del 6 de noviembre pasado en los Estados Unidos, el público rechazó sendas propuestas de subvencionar las energías alternativas en Oregon y Colorado.

 

Qué significa un “orden internacional cada vez más multipolar”? se trata del veloz ascenso de China a los primeros planos del desarrollo económico y la reacción de los Estados Unidos.  Debe recordar que el presidente Obama ya hablaba de las dudosas prácticas comerciales de los chinos en el año 2014.

 

“creciente desigualdad”- desde hace décadas, ya sea en razón del estancamiento o del crecimiento vertiginoso, se va ensanchando la brecha entre los más ricos y los más pobres. No existe una solución global para un fenómeno inherente al desarrollo capitalista en esta etapa. Sí existen modos de redistribuir la inmensa riqueza generada cuando los mecanismos del mercado no son suficientes, y esta es una tarea puramente nacional.

 

 

“Recurriendo a avances en robótica e inteligencia artificial en el contexto del envejecimiento de las sociedades, tendremos que pasar de una narrativa de producción y consumo a una de compartir y cuidar a las personas”.

 

En los países en desarrollo, y en la Argentina particularmente, se trata de volver a encarrilar la producción y el consumo, a partir de los consensos democráticos que se pongan en la base de la revolución productiva, superando la brecha ideológica y política que se ha formado a partir de los ásperos debates entre los sostenedores del neoliberalismo y los sostenedores del populismo, sea de derecha o de izquierda.

 

En Argentina es necesario encontrar un consenso y una síntesis que supere las obsoletas antinomias surgidas de los debates en torno a los modelos económicos.-liberalismo vs. Socialismo- Aperturismo vs. Mercadointernismo – Modelo Agroexportador vs. Modelo Industrialista.

 

Es fácil dejarse convencer por los discursos bien hechos que apelan a nuestro sentido de la justicia social. La narrativa de “compartir y cuidar a las personas” no puede ocultar la dura verdad que la economía no puede pensarse como superada en sus aspectos más conflictivos, aunque las posibilidades tecnológicas parezcan infinitas.

 

Hay que encontrar un acuerdo político que a la vez organice el sistema productivo para que funcione con la máxima eficiencia , que garantice la permanencia del estado de derecho y las demás instituciones fundamentales de una sociedad donde imperen la libertad, el orden y la justicia.

 

De otro modo legitimaríamos la idea de que los que poseen el poder de las nuevas tecnologías también lo tendrían para decidir por nosotros, a cambio de la promesa de que compartirán y se ocuparán de cuidarnos. La subordinación de las naciones más débiles frente a las que poseen el poder de las nuevas tecnologías es incompatible con un ordenamiento internacional donde todos podamos disfrutar de los frutos del progreso sin por ello deber renunciar a nuestra dignidad de naciones libres y soberanas.

 

 

“Aferrarse a una mentalidad obsoleta y llevar a cabo pequeños ajustes a nuestros procesos e instituciones existentes, no será para nada suficiente. En cambio debemos rediseñar estos procesos e instituciones desde cero, con el propósito de poder aprovechar las nuevas oportunidades que nos esperan”.

 

Los países de la periferia, emergentes y en vías de desarrollo han pasado, en los años transcurridos desde la caída del muro de Berlín, por procesos de cambio y reacomodamiento cuyos resultados han sido dispares en relación a los objetivos impuestos y a la historia económica de cada uno de ellos. Para la Argentina las transformaciones llamadas “neoliberales” del período 1989 -1999 tuvieron resultados mixtos. El país se reposicionó en el mundo y se modernizó, pero el balance social y económico interno dejó mucho que desear, abriendo paso a un período de políticas populistas que retrotrajeron muchos de los cambios. Importa destacar que la situación internacional puede dar pie para avanzar en transformaciones y modernizaciones necesarias, imprescindibles para el mantenimiento de la dinámica económica que sustenten el estado de derecho. Estos cambios no pueden resultar exitosos de entrada, y las luchas de los sectores y las restricciones de corto plazo impiden que las reformas sean aceptadas por la totalidad del arco político.

El populismo del período 2002-2015 también se inscribe en un contexto internacional propicio, una vez que la Argentina se hubo modernizado en el período anterior en función de colocar su agroindustria como motor de una nueva fase de desarrollo. Pero las controversias y contradicciones del sistema nunca dejan de surgir, y esto es una evidencia incontestable de que los problemas trascendentales de las repúblicas se resuelven a través del funcionamiento de la democracia, y no por una mágica colaboración internacional que decida en cambio de la soberanía popular.