UNA CIENCIA INCORRECTA Y UNOS TEMORES SIN FUNDAMENTO

Hace años el Dr. David Legates caracterizó a la ciencia del calentamiento global como ¨incompleta e incorrecta¨. Efectivamente, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC ) de las Naciones Unidas utilizaba modelos de computación del sistema climático para sacar conclusiones apresuradas sobre el desarrollo futuro del clima de la tierra.

Lo sigue haciendo aún hoy, 30 años después de haber comenzado su actividad y el resultado es el mismo: los modelos de computación sólo aciertan a una aproximación muy pobre del clima real, y por lo tanto sus conclusiones son erróneas: el calentamiento previsto es dos, tres y hasta cuatro veces mayor que el medido realmente. En los últimos 150 años la tierra ha visto incrementada su temperatura en 0,8 grados centígrados, recuperándose del bajón de la Pequeña Edad de Hielo. Pero lo más importante, lo trascendental de todo esto, es que el mismo IPCC atribuye sólo el 50% de este calentamiento a la acción del hombre, es decir, al incremento del dióxido de carbono en la atmósfera.

Son algunos políticos, los periodistas y los grupos de presión ecologistas los que difunden el miedo y tratan de convertir algo de poca importancia en un hecho grave frente al cual habría que tomar medidas urgentes.

No son sólo los grupos económicos interesados en la continuidad de los subsidios y la inversión en energías renovables los que motorizan esto, puesto que desde hace muchas décadas la humanidad ha estado buscando un motivo de acción para el cambio, un rumbo espiritual con el cual sobrepujar el vacío de las satisfacciones materiales que provee la sociedad capitalista de consumo; y no cabe duda que son las generaciones jóvenes las que hacen vanguardia. Es un movimiento generado en los países ricos de europa, en USA, en Australia y Canadá que se ha difundido a toda la periferia y que ha sido tomado, por decirlo de alguna manera, de forma poco crítica por nuestros políticos e intelectuales.

Hace 50 años, cuando salieron los alarmantes informes del Club de Roma –curiosamente, los primeros trabajos generados por modelos de computación – se suscitó un gran debate entre los científicos que le daban crédito a esos informes, y la mayoría de los intelectuales, muy influenciados entonces por el socialismo y por la idea del progreso , sobre si no se trataba meramente de un artilugio fabricado por los Think Tanks del capitalismo para promover el miedo y desviar las políticas de transformación y cambio que el Tercer Mundo debía afrontar para superar la miseria y el colonialismo.

Cincuenta años después nos encontramos en la paradójica situación de que la intelectualidad de izquierda, que debería promover el bienestar y el progreso de los pueblos que aún se debaten en el estancamiento económico y el caos político, se ha plegado a esta campaña contra los combustibles fósiles y por la descarbonización de la economía mundial.

Pero estas medidas son del todo inconducentes para los objetivos propuestos, en caso de que realmente el calentamiento global fuera un problema que se deba encarar urgentemente, cosa que no es. Y algo de suma importancia: no se comprende que semejantes medidas de descarbonización de la economía tendrían efectos muy perjudiciales para los países que deben aún salir de la pobreza.

Lo que resulta más grave es que se ha abandonado la concepción científica de la realidad y se ha caido en una especie de hechizo por las políticas utópicas que no tienen fundamento alguno en la lógica del desarrollo científico y tecnológico de nuestras sociedades, ni en la economía de mercado que, a pesar de sus falencias, nos permite un grado de libertad y de bienestar muy superiores a los comprobados en otros sistemas.

Debemos enfrentarnos de forma inteligente al bombardeo de las Fake News que todos los días nos muestran desastres de todo tipo y se lo achacan al calentamiento global y al cambio climático.

Los científicos honestos nos dicen que todo lo relacionado con la ciencia del IPCC debe ser tomado con pinzas, que las cosas del clima no han variado tanto en las últimas décadas y que esta variación probablemente sea natural, esto es, una variación dependiente de fuerzas que se encuentran mucho más allá de las posibilidades de intervención inteligente de los hombres – el sol y las fuerzas cósmicas -. En todo caso, como lo hemos comprobado en muchas situaciones, la inteligencia y los medios de las ciencias serias y de la ingeniería nos proveen un amplio abanico de opciones frente a las situaciones que ya conocemos de sobra: sequías, inundaciones, extremos de temperatura y todos aquellos desafíos que las sociedades han estado afrontando con rigor y seriedad durante los últimos siglos.