CALENTAMIENTO GLOBAL Y CAMBIO CLIMÁTICO. El reciente informe de las Naciones Unidas.

“Las cosas no son simplemente como elegimos pensarlas.”

Charles Sanders Peirce

 

Desde que el  Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas ( IPCC  ) comenzó a publicar  sus informes en 1991, los acontecimientos que rodean a toda esta problemática han pasado por diferentes etapas.

Al principio, apareció como un problema más, aunque novedoso, en el complicado panorama que presenta un mundo cada vez más acuciado por crisis y conflictos  de todo tipo. Con el tiempo, el tema fue ganando en espectacularidad, cuando la prensa y muchos  políticos de Europa y los Estados Unidos pensaron que podría ocupar un lugar muy redituable en sus respectivas agendas electorales. Entonces fue cuando los medios comenzaron a desarrollar una narrativa destinada a provocar la alarma en la sociedad.

Es probable que esta narrativa alarmista sobre el cambio climático hubiera tenido aún una más alta receptividad entre la comunidad científica e intelectual, de no haber sido por la imprescindible contribución de un puñado de científicos de excelencia que se han ocupado, en las ultimas décadas, de llevar por todo el mundo, a través de sus escritos y de sus presentaciones una explicación contundente de los distintos y conflictivos aspectos del problema,  y sacar una conclusión muy distinta a la que difunden los medios:

El calentamiento global y el cambio climático son reales, pero no representarían de ninguna manera el peligro para el planeta que nos quieren hacer creer muchos políticos y muchos científicos, amparados en una campaña mediática e inescrupulosa con la verdad y sustentada por motivos ideológicos y de dinero.

 

Desde 1991 hasta ahora.

Quizás el punto más alto del interés suscitado en el público, fue la época de la presentación de la película de Al Gore – Una Verdad Incómoda -y su consiguiente logro del Premio Nóbel de la Paz en 2007, compartido con el panel de las naciones unidas.

A partir de ese momento, el tema tuvo sus altibajos, de acuerdo al humor de la opinión pública, a pesar de  que en  los medios comenzó una intensa campaña promocionando las medidas e instrumentos que pudieran contrarrestar los supuestos efectos deletéreos que el calentamiento global y el consiguiente cambio climático iban a acarrear en las décadas venideras; las medidas que más se impulsaron fueron las tendientes a la  “descarbonización”, ya sea a través de tecnologías que secuestren las emisiones de dióxido de carbono ( CO2 ) provenientes de la combustión, o mediante  la implementación de la generación eléctrica por medio de fuentes solares y eólicas.

 

Pero todas estas medidas son  muy costosas y muy poco prácticas en caso que los países que más dióxido de carbono  emiten, China e India, no se plieguen a las iniciativas.

El caso de Alemania es emblemático, ya que al ser uno de los países más ricos y al haber encarado un programa muy audaz de sustitución de combustibles fósiles, -la Transición Energética o Energiewende – se hubo colocado a la vanguardia de todas estas iniciativas. Pero los resultados, después de casi quince años de implementación, están muy lejos de lo esperado: los costos económicos, y el consiguiente aumento de las tarifas públicas de la electricidad, más los grandes subsidios necesarios para mantener el equilibrio de la red eléctrica cuando no sopla el viento o durante la noche – cuando la energía solar es cero – han provocado un abierto rechazo de sectores de la sociedad que se han dado cuenta de lo inútil de esos emprendimientos, cuando países como China o  India superan por un factor de 10  cualquier ahorro en las emisiones de dióxido de carbono  que Alemania pudiera realizar.

Cuando escribí el resumen de los aspectos políticos y filosóficos que enmarcan este debate, dije que la faceta más negativa era que se había desviado la preocupación desde los verdaderos problemas medioambientales hacia una problemática que no conduce a ningún lugar, excepto hacia un saqueo de los presupuestos de los países más pobres en beneficio de unos pocos grupos económicos, y que esto podía transformarse en un verdadero dolor de cabeza para el futuro de las sociedades más complicadas con su economía, que necesitan hasta el último centavo para atender las urgencias de sus pueblos .

 

 

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