Liberalismo y nacionalismo económico

Feliz el hombre que extrae su alegría y su fuerza de la prosperidad de la Patria ! HÖLDERLIN

EL DEBATE ENTRE EL NACIONALISMO ECONÓMICO y el liberalismo lleva ya  muchísimo tiempo en Argentina. Se trata, más que de un debate económico, de una polémica en torno a las pautas culturales y políticas que deben regir la vida de los ciudadanos.

Y esto es así porque el liberalismo no es sólo una cuestión de economía. El liberalismo es una cosmovisión que coloca al individuo como centro y motor de la dinámica social. Es la pauta filosófica y cultural que marca el período de la Ilustración y que constituye el eje axial de la Modernidad.

El liberalismo no excluye una concepción nacional, si entendemos lo nacional como el fundamento de la sociedad. En realidad, no existe un liberalismo que transite una vía separada de la cultura fundante de una sociedad.  En cuanto las ideas liberales abandonan el suelo  de la cultura de un pueblo, degeneran y se transforman en  letra muerta.

En Argentina la historia trae juntas las dos formas de expresión de la cultura: como parte del Imperio Español que fuimos, sin duda la sustancia autoritaria – antiliberal está muy comprometida en nuestras formas.  A partir de la revolución de mayo la tradición liberal se consolida y pasa a convivir con la anterior.

Todo esto tendría sólo una importancia ilustrativa si no fuese que ahora mismo en el mundo hay una situación de desplazamiento cultural que hace emerger a los nacionalismos como una forma que se consolida para dar una respuesta a la crisis que atraviesa Europa y Norteamérica.

Es dudoso que los gobiernos nacionalistas que se formen en Europa  alteren de algún modo sustancial el funcionamiento de la economía liberal, que es en realidad una economía mixta de mercado. Esto es, que la economía toma en consideración la protección de los sectores más débiles: una Economía del Bienestar o Welfare State.

El desplazamiento hacia el nacionalismo está más impulsado por la llamada “guerra cultural”, que opone visiones conservadoras frente al avance del progresismo en todos los ámbitos de la cultura.

En Argentina la guerra cultural tiene que ver con las posturas que se tiene frente al peronismo, y por carácter transitivo, esto se extiende a la economía. En general el nacionalismo-peronismo le atribuye al neoliberalismo de los noventa los males económicos y sociales que hoy padece el país.  El gobierno peronista que se extendió entre el 2002 y el 2015   aplicó políticas económicas que de algún modo fueron las opuestas a las de la década del noventa. Así que en el mismo peronismo habría dos posturas diferenciadas o que tenderían a diferenciarse de acuerdo a circunstancias del medio. En todo caso la economía no sería el único motivo de oposición en la guerra cultural, sino el antagonismo entre formas más o menos autoritarias y formas más o menos republicanas de gestionar el gobierno y de proponer políticas públicas.

Sin embargo, si lo importante es sacar al país de la crisis y encarar un camino de prosperidad, la economía tiene que tener un rol fundamental.

La experiencia histórica es abrumadoramente favorable a las economías abiertas, más o menos desreguladas, con un Estado cuyo peso sea el menor posible y donde impere el Estado de Derecho – Rule of Law –  

Puesto que si no se respeta la Ley, no hay convivencia posible, y luego de un período corto donde las cosas parecen ir bien,  la sociedad declina hacia un estado de estancamiento y conflicto.

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