HOMENAJE A LOS MAESTROS

SIDNEY HOOK recuerda a su maestro MORRIS COHEN.

TRADUCCIÓN DEL CAPÍTULO 5 DEL LIBRO de Sidney Hook Out of Step. An Unquiet Life in the 20th Century, Harper & Row, N.Y. 1987

-primera parte –

En términos de lo que aprendí de las lecciones formales en las aulas, mis años de college no fueron muy significativos, pero mi experiencia con un gran maestro dejó una impresión duradera en mi vida, aún cuando finalmente me haya revelado contra su tutela.

¿ Qué es lo que hace a un gran maestro? Creo que es la habilidad para inspirar en los estudiantes una dedicación a la materia de estudio. La dedicación puede expresarse bien a través de una activa compenetración con la disciplina, o bien en la apreciación de sus resultados. Cuando volvemos la mirada hacia nuestros años escolares, recordamos maestros antes que cursos – recordamos sus maneras y métodos, su entusiasmo y su exaltación intelectual y su capacidad para encender en nosotros el placer o la curiosidad respecto de la materia en estudio.

Diferentes maestros afectan a diferentes estudiantes de diversas maneras, pero cuando los estudiantes han sido alcanzados por sus maestros, la respuesta es la misma: respeto, admiración, y un deseo de ganar su aprobación. A veces la influencia de un maestro es lo suficientemente poderosa como para superar la de los padres y la de los compañeros.

Mucho más que un actor, un maestros es un escultor en la nieve. Es recordado solamente por las generaciones que lo han visto en acción o por aquellos que se han sentado a sus pies. Los grandes maestros son raros y afortunados los estudiantes que los han encontrado. Los grandes maestros no son siempre académicos geniales u originales. La concepción popular de que cualquiera que domina los contenidos de una materia puede enseñarla en forma efectiva y de que el dominio de la enseñanza proviene inevitablemente del dominio de la materia es un mito. El tipo de enseñanza a la que fueron expuestos muchos estudiantes, especialmente en el pasado, en las universidades de artes liberales, deberían haber hecho estallar ese mito hace tiempo.

Uno de los grandes maestros del primer tercio de nuestro siglo fue Morris R. Cohen, del College of the City of New York, donde enseñó cursos de filosofía entre los años 1912 y 1938. Medido por los estándares pedagógicos convencionales no podría haber sido considerado no ya un grande, apenas un buen maestro, ya que sólo inspiraba a unos pocos de sus estudiantes a continuar carreras en el área de la filosofía e intimidaba al resto. Sin embargo su valentía como maestros se transformó en legendaria y sus ideas en una fuerza en la comunidad intelectual.

Aún así, sus técnicas de clase no le hubiesen permitido ganar la titularidad en ningún sistema de educación pública y él mismo había confesado que había sido un fracaso en sus tempranos esfuerzos como docente en la primaria y secundaria, ya que ni siquiera podía controlar sus clases.

Cuando al principio comenzó a enseñar filosofía en el nivel terciario sus maneras, nos decía, eran las de un ” pequeño sargento”. Era tan insatisfactorio esto que, puesto que carecía de fluidez oral, adoptó el método socrático.