EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL PODER POLÍTICO : HACIA UNA NUEVA BARBARIE

Comprender lo que está pasando con el problema del cambio climático requiere tomarse un tiempo para reflexionar sobre todos los acontecimientos relativos al tema que se fueron dando en los últimos treinta años.

La próxima semana veremos la reunión del COP 26 en Glasgow. Desde hace dos meses, cuando salió el Sexto Reporte del IPCC, el panel intergubernamental sobre el cambio climático de la ONU, estamos siendo bombardeados desde todos los medios con el conocido mensaje apocalíptico sobre las inminentes catástrofes que el mundo enfrentará si es que no se toman medidas urgentes.

Estas medidas urgentes tienen que ver con la descarbonización de la economía mundial, es decir, con el abandono de la utilización de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas natural. Es, si se quiere, una fantasía a concretar, puesto que actualmente el 75% de toda la energía es provista por ellos, el 20% por la energía nuclear y las represas – energía hidraúlica – y menos de un 5% por energía eólica y solar; y esta situación luego de 20 años de subsidios ininterrumpidos a estas energías, mal llamadas ” limpias”, y quizás justamente “renovables”.

Todo empezó hace más de 50 años, cuando las ideas conservacionistas comenzaron a influir en la población de USA y de los países europeos, fundamentalmente porque la contaminación de todo tipo impactaba fuertemente en la salud y la consciencia de la gente. Se comenzó a pensar en tomar medidas para contrarrestar esa flagrante agresión contra la naturaleza y los ciudadanos.

Pero junto con estas virtuosas iniciativas en favor de la preservación de los ámbitos naturales, se inició un movimiento más radicalizado que apuntaba contra todos los logros de la sociedad industrial, caracterizándolos como insostenibles en el tiempo: surgió el Club de Roma con sus inquietantes pronósticos de colapsos inminentes: hambrunas y agotamiento de los recursos. Tan exageradas y anti-científicas eran estas previsiones que la comunidad académica las descartó inmediatamente.

La nueva versión del pánico global es el calentamiento global y el cambio climático, ideas que comenzaron a tomar fuerza luego de la Conferencia de Río de 1992 y que ahora llenan completamente el horizonte de las fantasías apocalipticas de esta era digital.

Son tan absurdas o más que las originales del Club de Roma, y sin embargo, al tener el aval de un panel científico de la ONU, pasan por ser irreprochables e indiscutibles. Para llegar a esta situación, tuvo que pasar algo muy importante en la cultura global: fue el Postmodernismo, que inundó las Humanidades con el irracionalismo de los filósofos franceses y con el desprecio hacia las ciencias exactas y naturales. Desafortunadamente, a esto se ha sumado un importante vector político que ha sabido instrumentalizar todas estas ideas apocalípticas en función de las necesidades de control global, necesidades que hoy parecen imperativas frente a un mundo en constante transformación.

No debemos olvidar algo muy importante: hay un interés económico conjugado con el apetito de control de las burocracias de los países centrales; a mayor miedo, más necesidad de intervencionismo gubernamental y más presión impositiva sobre las clases medias mundiales. En general se supone que todo esto va a terminar mal, muy mal si se tiene en cuenta que todo el asunto está basado en una emergencia imaginaria, ya que no existe evidencia seria de que los eventos climáticos extremos de que tanto se habla estén siquiera ocurriendo.

La conexión entre el aumento del CO2 en la atmósfera y estos supuestos eventos climáticos extremos es una fantasía que ni siquiera aparece en los propios informes del IPCC. Es algo de hechura puramente mediática, fogoneado permanentemente por las ONG’s que ven con codicia el botín de los 100 B de dólares que los países ricos deberían contribuir para la transición energética de los países pobres. Un guión conocido por todos.

El mal que se hace a la sociedad presenta dos caras: por el lado estrictamente económico, ya estamos presenciando los resultados del caos producido por la prédica y por las políticas anti- energía que llevan adelante la administración Biden y Bruselas.

Pero lo peor es el daño perdurable que se viene practicando contra el espíritu de la ciencia, que es uno de los pilares de la cultura de occidente. Ya el postmodernismo había asestado un duro golpe al esquema de convivencia y prosperidad de nuestras sociedades, al poner en duda y atacar los fundamentos racionales de la práctica y convivencia políticas. Esto es así porque el postmodernismo abreva en una variante nihilista y destructiva del marxismo, que en un momento se jactaba de ser una ciencia y de permanecer dentro de los límites de la pura razón. Ahora se ha desquiciado y ha tomado todo lo peor del irracionalismo heideggariano y de la superchería ecologista: el ecosocialismo es una doctrina incoherente que atenta directamente contra el bienestar y la vida de los más pobres.

Estamos, así, en presencia de una nueva barbarie, que esta vez se nos presenta con el disfraz de una supuesta ciencia ambiental, avalada por la burocracia global de las Naciones Unidas.

La influencia del sol que el IPCC no había considerado

Hoy se conoció un nuevo estudio sobre la influencia solar en relación a las variaciones /oscilaciones del clima/ tiempo terrestre, donde se confirma algo que desde hace mucho tiempo se sabía, pero cuyos encadenamientos causales no habían sido corroborados o verificados a través de estudios exhaustivos.

La actividad solar influencia la llegada de los rayos cómicos a la atmósfera terrestre. Estos rayos cósmicos tienen influencia en la formación de aerosoles y éstos a su vez en la formación de determinados tipos de nubes. Todo esto equivale a decir que de acuerdo con la actividad solar, hay una variabilidad en la nubosidad terrestre y esto afecta la llegada de la energía solar que calienta la tierra – Balance Energético de la Tierra.

Resumiendo, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático había descalificado las influencias del sol en la variabilidad del clima, en contra de la opinión de muchos científicos, y sólo consideraba la influencia del CO2 proveniente de la utilización de combustibles fósiles. Con esta nueva confirmación de la influencia solar, queda restringida la influencia del CO2 y , lo más importante, se acaba la urgencia de actuar sobre las emisiones humanas de CO2 – es decir, la manía que había surgida por descarbonizar las economías .

Los límites de la ciencia como instrumento de políticos y burócratas.

En las últimas décadas se ha ido imponiendo en la opinión pública mundial una perspectiva pesimista respecto del futuro del planeta.

A fines de los años ’60 del siglo XX, el Club de Roma lanzó un diagnóstico con el título LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO. La idea dominante en este análisis era que el crecimiento de la población y el desarrollo económico estaban afectando los ecosistemas del planeta y que era necesario controlar la población y el desarrollo económico, de modo de frenarlos por el bien de la naturaleza a largo plazo. El informe fue criticado porque sus evaluaciones carecían de todo fundamento cuantitativo, ignorando los adelantos que la ciencia y la técnica aportaban para el mejoramiento de los ámbitos productivos de los ecosistemas del planeta.

Treinta años después, y a pesar de que la Revolución Verde y otros desarrollos habían permitido acabar prácticamente con el hambre en la mayoría de los países del Tercer Mundo, los amantes de la Naturaleza y enemigos de la Humanidad volvieron al ataque. Esta vez se trató de la amenaza a la salud del planeta por las emisiones de dióxido de carbono CO2 – proveniente de la quema de combustibles fósiles – carbón, petróleo, gas -.

Se creó, en el ámbito de las Naciones Unidas, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -IPCC – y se empezó a batir el parche de la inminente catástrofe climática; hay que reconocer que la tarea de asustar al mundo fue delegada en las ONG’s ecologistas y en los políticos y demás burócratas que pensaban que agitando el miedo de la catástrofe climática podrían obtener beneficios a largo plazo, ya que toda burocracia necesita de motivos para expandirse y abarcar cada vez más ámbitos del quehacer de la sociedad.

Hay que remarcar que estas ideas que surgen de los Think Tanks son patrimonio casi exclusivo de una minoría intelectual, y sus engranajes de transmisión son los políticos y periodistas que se encargan de los contenidos de los medios de difusión masivos; llegan al público general como mensajes o fogonazos que intentan llevar preocupación y formar una opinión pública que luego adhiera mansamente a cualesquiera políticas regulatorias e intervencionistas que seguramente serán contraproducentes para el bien común.

En esto se parecen a las grandes ideologías o relatos que han llenado las visiones del mundo de las generaciones del sigloXIX y XX : Nacionalismo, Socialismo, Comunismo: Patrimonio al principio de un grupo de iluminados, se propagan a través de minorías intolerantes que por métodos violentos terminan desquiciando la vida de los pueblos.

No creo que el caso del Ecologismo y del Climatismo difiera del de sus predecesores: se trata de visiones interesadas que nada tienen que ver con la realidad del planeta.

Es verdad que los informes técnicos del IPCC no contienen en forma explícita los diagnósticos sombríos que escuchamos todos los días en los medios informativos, y que incluso sus críticos piensan que allí no está el problema principal, sino en la acción de los grupos de intereses que exageran las posibilidades del calentamiento y los efectos negativos que tendría sobre el planeta. Pero hay que remarcar que el ámbito de estudio del IPCC se limita a los efectos que los humanos tienen sobre el clima, y que sus instrumentos son los modelos climáticos; no se estudia la variabilidad natural típica del sistema climático de la Tierra, ni se toman en cuenta la infinidad de estudios paleoclimáticos – estudios del clima del pasado – que aportarían una visión mucho más amplia.

Algunos piensan que el encadenamiento que se ha dado para el crecimiento de esta visión pesimista en las últimas décadas se debe al intento de ciertos grupos dentro de la élite económica de los países centrales por controlar la utilización de la energía y de los recursos naturales en los países en desarrollo de la periferia, es decir, imponer un cierto control en el ritmo de los cambios imparables que el propio proceso científico-tecnológico impone a las sociedades. Pero no cabe duda que existe una dinámica propia de los grupos intelectuales que se ubican en la cabeza de toda sociedad, y que son propensos a imaginar escenarios apocalípticos que de alguna manera proyectan en la sociedad y la naturaleza los procesos mentales particulares de los espíritus mesiánicos.

Para contener esta propensión a la catástrofe y la guerra, algunos hombres geniales – Galileo, Leibniz, Descartes, Pascal, entre los principales – crearon la Ciencia Moderna en los siglos XVI y XVII, que es fundamentalmente una dirección espiritual hacia la moderación, el realismo, y los intereses primarios de los hombres: la convivencia, la alimentación, la salud. Para ello se esforzaron en combatir el Dogma de su época, desplegando los métodos de investigación, validación y prueba que son tan caros al verdadero espíritu científico.

Todo lo contrario a las ideologías y las seudociencias del ecologismo y del climatismo, que abandonan todo intento de crítica y debate, para entregarse a un discurso que se impone a puro golpe de exageraciones .