LIBERTAD

‘Can the liberties of a nation be thought secure

when we have removed their only firm basis, a

conviction in the minds of the people that these

liberties are of the gift of God?

         Thomas Jefferson

Los conservadores acostumbran pensar la sociedad como enmarcada dentro de tres criterios o categorías: orden, justicia, libertad.

La libertad de los individuos para desenvolverse en una sociedad, donde se tiene una diversidad de opiniones y aptitudes, adquiere sentido cuando se considera que es deseable obtener el máximo bien común señalado por los dos primeros.

Sería difícil poner de acuerdo un conjunto extenso de objetivos marcados por los diferentes rumbos de cada una de las libertades individuales, a no ser que de entrada se piense un objetivo común absolutamente determinado por el bien común.

Orden y justicia abarcan extensamente el criterio de bien común en la tradición de la civilización cristiana, modificada por la ilustración moderna.

Sin embargo, la experiencia de la modernidad también nos enseña que la dinámica social está siempre viciada por lo que vamos a designar como Ateísmo Militante. El ateísmo militante es la enfermedad incurable de la modernidad.

El siglo XX vivió la tragedia de este fenómeno encarnado en el comunismo y el nazismo, y podemos agregar cualquier ideología que piense a la sociedad como un mecano al que hay que organizar desde arriba, y a los hombres como piezas descartables y sustituibles.

Thomas Jefferson y Domingo Faustino Sarmiento enfrentaron este desiderátum del gobierno social de una manera similar. Pensaron qué criterios debería tener un buen gobierno, en el que se respetase la libertad inalienable de los individuos, pero que a la vez pudiese superar los males atávicos del sometimiento y de la guerra de todos contra todos.

El modelo liberal clásico se atiene a lo siguiente:

Independencia económica de la familia.

Gobierno local o municipal bajo la decisión de los hombres adultos.

Educación ilustrada inclusiva y libre, fundada en la tradición griega y en la moralidad cristiana.

Nadie, aún, propuso una fórmula mejor para lograr una comunidad próspera y libre.